Hero (Zhang Yimou, 2002)
Comienza la película china y sale el logotipo de Miramax. Las esperanzas de ver algo bueno empiezan a bajar. Miramax es una productora de películas estadounidense fundada en 1979 por los hermanos Wenstein y, durante unos años, produjo y distribuyó cine de calidad. Sin embargo, en el año 1993, la compañía fue comprada por Disney y las cosas empezaron a cambiar. Hero es una película del año 2002 que surge al rebufo del éxito de la taiwanesa "Tigre y Dragón". que había dado un pelotazo a nivel mundial con sus luchas acrobáticas y su cromatismo rompedor. El director es Zhang Yimou, uno de los mejores y más veteranos directores de China, autor de obras que me han gustado bastante como la reciente "Un segundo" o "Regreso a casa", del año 2014. Triunfó hace muchos años en los festivales europeos con una obra clásica, centrada en la china tradicional, que se llamaba "El sorgo rojo", y durante bastante tiempo se movió en la temática de la sociedad tradicional china y en unos niveles de producción discretos, con apariencia de cine pobre, igual que sus películas más recientes que, si bien recorren los años de la revolución cultural y posteriores, lo hacen desde una perspectiva naturalista y sin ningún aspaviento. Por eso me extrañaba verlo embarcado en un proyecto como Hero. También me extrañaba que la película se hubiera estrenado con un nombre inglés (hero por héroe), lo cual me parecía bastante ridículo.
La película ha sido muy alabada por su preciosismo visual, su paleta de colores, por las actuaciones, por la fotografía.... justo lo que ocurre con las películas sin sustancia. Acaban convirtiéndose en larguísimos anuncios de colonia. Yo no uso colonia y los anuncios de 20 segundos me parecen largos, así que imaginad el sueño que me dio viendo "Héroe".
Sobre un fondo negro, unos rótulos al inicio explican la leyenda que sustenta el relato de la película. A partir de ahí se desarrolla un argumento completamente simple, con aire de cuento ancestral. Del diálogo entre dos personajes, un rey y un asesino, se desgajan flashbacks reales y mentirosos, ubicados en escenarios bellísimos y con un cuidado minucioso del color. Los personajes luchan acrobáticamente, huyendo de toda verosimilitud, rodeados por miles de flechas que milagrosamente los respetan y, mientras la danza se prolonga, remarcada por una música occidentalizada, me entra un sueño imposible de contener. Despierto ocasionalmente para ver retazos de lo mismo y Nahla me cuenta el previsible final mientras me dirijo, más dormido que decepcionado, a la cama. Al fin y al cabo, nunca se debe infravalorar a un buen somnífero.
3/10
Comentarios
Publicar un comentario